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Trafalgar

diciembre 21, 2007

Cuarto capítulo de la serie “presente y futuro urbanístico de la Costa de la Luz”, dedicado al litoral de Trafalgar. Tiene mucha y precisa información pero es largo y pesado de leer, así que no estoy muy contento con el engendro. Cosas de la prensa.

Resumiendo… junto al faro de Trafalgar, en la costa de Barbate, vamos a tener dos grandes hoteles vacacionales en cuestión de tres años a los que vendrán muchos alemanes a ponerse como “gambas plancha”, al mismo tiempo que el Ayuntamiento desarrolla un plan para legalizar en la pedanía de Zahora más 800 viviendas construidas en suelo rústico (nota. En Cádiz se mantienen las técnicas urbanísticas del Paleolítico).

La metamorfosis de Trafalgar

Para alegrar el post os recomiendo una visita al fotoblog de Antonio Vázquez, de La Voz de Cádiz, que firma las fotos de abajo y muchas otras geniales miradas de la provincia, y al que además da siempre alegría encontrárselo bajando de la moto en Canalejas, tomando un café en cualquier sitio o haciendo el indio con la cámara al filo de la noticia.   

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Instrucciones para llegar al paraíso

diciembre 19, 2007

A la playa del Cañuelo, en Tarifa, sólo se puede llegar a pie. Primero tienes que atravesar el complejo de apartamentos de Atlanterra y también la playa de los Alemanes, que un señor pequeñito con bigote que mandó en España regaló a exiliados nazis después de la Segunda Guerra Mundial para que se hicieran casas. Ahí se queda el coche, justo a los pies de Cabo de Gracia. Después subes andando hasta el faro de Camarinal y ya atisbas la cala blanca, íntima, libre. Desciendes por la ladera del monte entre campiña y arena durante unos quince minutos, más o menos. Si vas con güili tardas algo más porque se entretiene entre los enebros marítimos y las rocas. Abajo todo está tal y como es. Una de las últimas playas realmente salvajes de Cádiz. Un paraíso escondido. Pero no se lo digas a nadie, ¿eh?

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Informes de la Costa de la Luz

diciembre 8, 2007

Como le estoy poniendo mucho cariño y muchas horas de trabajo a esta serie de reportajes sobre la costa de Cádiz, subo el tercer capítulo, sobre el litoral de Conil, que hemos publicado hoy.

Para los de fuera, Conil es un pueblo marinero que abarca unos 15 kilómetros de costa entre el Novo Sancti Petri, en Chiclana, y El Palmar, en Vejer. Es uno de los puntos más interesantes de la provincia desde el punto de vista urbanístico. En los 60 se deslindaron más de 600 hectáreas de monte público para construir, en 200, una urbanización de alto standing -que desaconseja la RAE, el térmigo, digo, para ricos, vamos, para entendernos-: la urbanización de Roche. 

Recuerdo que en mi segundo año de prácticas, en RNE, un alto cargo socialista de la provincia me citó en esta urbanización para una entrevista y yo, candoroso, no entendía que vivir allí fuera muy social… A lo que iba. El promotor de Roche, un tal López Villalta, al que describen como “de lo más inteligente”, se hizo de oro vendiendo allí casas. A finales de los noventa las obras ocuparon de forma salvaje los maravillosos acantilados de la zona, se cargaron grandes superficies de enebros marítimos protegidos, privatizaron las calas al impedir el acceso del bañista de a pie y tiraron los hitos de Costas, ante la incapacidad de las administraciones y con el beneplácito del Gobierno local, ya en manos de Antonio Roldán, de Izquierda Unida.

Para pasar la página de este episodio, el Ayuntamiento se ha esforzado en reservar grandes espacios libres en la primera línea de playa a través de uno de los primeros planes generales del país que desclasificó suelo, es decir, que convirtió suelo urbanizable en suelo no urbanizable. Fue a principios de esta década. Roldán también está afanado en la protección de una fantástica parcela de 280 hectáreas llamada El Prado de Castilnovo (en la foto), completamente salvaje, junto al desastre de El Palmar. El Prado está protegido en el Plan de Conil y es una de las fincas que está en la lista de la compra del Ministerio de Medio Ambiente. Esta semana también estuve un par de horas con una de las familias propietarias de Castilnovo, que, como os imagináis, se suben por las paredes porque la finca es patrimonio familiar y si conserva su condición de rústica no tiene valor económico. Comprendo su postura, aunque creo que tienen la batalla perdida en favor de un (al menos teórico) interés social…

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Entre el desastre de Roche y la custodia de Castilnovo