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navidá navidá durce navidá

diciembre 21, 2007

Genial reportaje en El País. Firma Elsa Granda. Algunas veces uno se topa con situaciones y personajes que sobre los que merece la pena escribir.

Arsenio el reincidente

Un conductor confiesa en un control de alcoholemia que conduce “con cinco cubatas 300 de los 365 días del año”

En la autovía de acceso a Madrid A-1 los coches discurren despacio por el embudo de conos controlado por más de una decena de agentes bajo el mando de la capitán Laura. Aleatoriamente, van desviando vehículos para que los conductores se sometan a la prueba de alcoholemia. Los etilómetros portátiles hacen la primera criba. Los automovilistas que sobrepasan el límite permitido, 0,25 miligramos de alcohol por litro de aire espirado, tendrán que someterse a otra prueba con un sistema de precisión.

Son las tres de la madrugada del sábado. Le toca el turno a un potente coche alemán conducido por un hombre de unos 50 años. Antes de llegar a su altura, los guardias ya saben que ha ingerido tanto alcohol que superará los 0,60 miligramos, la línea que separa la infracción administrativa y el delito, según la última reforma del Código Penal. “Pare el motor y saque la llave”, le espeta un agente, tras ver que el resultado ha sido 0,78 miligramos.

Basta un poco de conversación para que Arsenio, un gallego residente en Madrid, se destape como temerario y reincidente. Un calco perfecto del perfil de conductor al que a nadie le gustaría encontrarse en la carretera. “No pasa nada”, comenta mientras se tambalea un poco, “hace dos años tuve un accidente en Algete con 0,70 de alcohol; el coche, siniestro total; pero gané el juicio”. Y confiesa: “De 365 días del año, 300 conduzco en este estado”. Hoy se ha tomado cinco copas de ron con coca-cola, pero mientras espera la segunda prueba arguye, eufórico: “De aquí hoy salgo indemne”. Pero el etilómetro le devuelve una mala noticia: 0,70 miligramos. La cosa se pone fea y comienza a protestar, aunque sin perder la educación: “No sé a quién paráis, primero hay que meter en la cárcel a los que roban y matan. Yo no me considero un conductor peligroso”.

Cuando los agentes comienzan a redactar el atestado, Arsenio se viene abajo, les comenta algo de un agente amigo, que nadie conoce. Le leen sus derechos y le comunican que está detenido. Pasan las horas y al filo de las cinco de la madrugada Arsenio sigue sin bajar de 0,64. “Estoy de maravilla, eh, ahora mismo cojo el coche y llego a Alemania”, espeta a un guardia que le recuerda que el vehículo está inmovilizado y que en unos minutos le dirán cuándo tiene que comparecer ante el juez por un delito que puede costarle una pena de cárcel de hasta seis meses.

Pateando el suelo para luchar contra cinco grados bajo cero, argumenta que con un coche como el suyo lo lógico es apurar el acelerador, y se queja de los límites de velocidad. “Lo que tienen que hacer es arreglar las carreteras”, refunfuña, mientras en algún arrebato de remordimiento asegura que beber “está mal”. Junto a él dos hombres, que también han dado positivo, murmuran: “Si a éste ya le vimos antes de que nos pararan bicheando (haciendo cambios peligrosos de carril)”. Un poco más allá, un dominicano de 22 años jura que sólo ha tomado una copa, pero “con el estómago vacío”. “Todos dicen lo mismo”, comenta un guardia civil. El aparato indica 0,58 miligramos. Cuando se le comenta que está en el límite del delito abre mucho los ojos y se queda mudo. Unos segundos antes, en el furgón policial decía optimista antes de soplar: “Alguna vez le toca a uno [los controles], son más seguridad para todos”. sigue

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