Literatura ligerita

julio 31, 2008

Quizá, se le ocurrió, los perros podían sobrevivir más fácilmente que los seres humanos. Eran más pequeños, podían esconderse en lugares inaccesibles. Eran capaces también, quizá, de advertir inmediatamente la naturaleza extraña del vampiro. Quizá podían olerla.

No se sintió más feliz. Pues siempre, a pesar de todo, había esperado encontrar a un semejante: hombre, mujer, niño, no importaba. Sin la incesante influencia de la hipnosis de masas, el sexo perdía rápidamente su significado. La soledad, en cambio, seguía allí.

Soy leyenda, Richard Matheson.

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