Se abre la ventanita de correos recibidos en una mañana soleada carnavalesca en la que la redacción ha dejado de oler a retrete de tasca el día después de. Es J. Múgica, jefe y amigo, profesor de yoga mental, asesor espiritual y genio inclasificable.

“Querido niño. Estoy de puta madre, soy un tío normal. Me han vuelto a robar mientras estaba en casa, esta vez, el ordenador portátil. Sólo la provindencia hizo que, excepcionalmente, esa noche me dirigiera a la cocina y a mi cuarto, y no al salón. No sé que hubiera pasado si me encuentro con él o la chorizo, y creo que es mejor no saberlo.Mis herederos están de puta madre y los pagos, al juzgado [aclaración, varias empresas le deben sustanciosas cantidades de dinero].
Sin novedad, como ves, seguimos con altísimos índices de felicidad emocional y energía protectora de invasiones no deseadas.
Cuídate y acuérdate de que haciendo el amor, cada cual disfruta lo suyo a su manera y que ese disfrute coincidente en el tiempo no representa, sin embargo, ninguna obligación para los ejecutantes.
Un abrazo fuerte y aprende el catalán por si hay que enviar un destacamento de paz a Cataluña.”