El viernes por la noche vi un reportaje en Cuatro de lo más curioso. Mire, durante media hora desfilaron por la pantalla todo tipo de personajes de la spanish nuit drogados hasta las trancas con todo tipo de sustancias, bastante enajenados, me pareció. Chicos y chicas detallaban sin pudor las características de todas las consumiciones de esa noche y ofrecían puntualmente a la reportera toda la información requerida sobre sus hábitos de evasión clandestina. Que si el “pajareo”, la mescalina, los cristales, los cartones… Un catálogo, una soltura. Declaraciones impactantes, sin duda. Y todo el mundo con los ojos como un gato en un barco.
En una de las escenas salió un chaval dando volteretas sin camiseta a eso de las ocho o las nueve de la mañana en un aparcamiento de una discoteca. Al terminar la pirueta, tambaleándose un poco, se dirigió a la cámara y exclamó: “Oye yo de lunes a viernes soy un tio responsable y estoy todo el día trabajando, de ocho a ocho. Hasta el bocadillo me lo como de pie, así estoy de canijo”. Yo, mire, pegado a la televisión, perplejo. En este lunes resaquil hay una imagen que todavía no se me quita de la cabeza. En un instante un chaval surge entre la jauría bastante excitado agitando una bolsita en la mano, un pequeño paquetito blanco sujeto con los dedos pulgar e índice, al parecer cocaína, y proclama:





