Me dejo las palabras
en los cantos de las hojas
que arranco en cada plaza
una vez por cada hora.
Inundo los portales
en la luz de la zozobra,
regando los umbrales
oxidados de tu alcoba.
Me dejo los zapatos
olvidados en tu alma;
rara vez los he soltado
ignorando la nostalgia
reincidente del cansado.
Mayo 28, 2008 a 10:41 am
No tengo otra defensa que morirme
deshacerme gota a gota
transmutarme en kleenex
plegarme cada vértice
replegarme dúctilmente
al asombro de los huesos
no tengo otra ofensiva que morirme
abandonarme a mi muerte
más lenta que mortal
porque mi vida es caduca
porque cayendo rehogo mi caldo
en esta lumbre avivada
por la absurda previsión
de que he de morir
viviendo.
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por ‘la que ideó el genio’
Mayo 28, 2008 a 5:53 pm
Mierda vital